viernes, 20 de abril de 2018

Roberto impone las Leyes en el racquetball venezolano




(Prensa EPS Medios) Roberto Leyes apenas tenía ocho años cuando supo por primera vez del racquetball. Afanado detrás de la vitrina, veía a su padre y sus amigos mientras estos se esmeraban por hacer grandes tiros contra una pared, en el cuadrado que servía de cancha en el Hotel Mare Mare de Puerto La Cruz, por allá por 2003.

 “Se la pasaba molestando afuera de la cubierta y de a poco fue colándose hasta que lo enseñé a jugar”, recuerda su padre homónimo, quien se trasladó desde Argentina al oriente nacional para practicar y servir al deporte. Con más de dos décadas en cancha, Roberto Leyes padre fungió como jugador activo, preparador y se abocó a cumplir esta dura faceta y muchas otras con su muchacho.

Así fue como en un país donde el béisbol capta toda la atención, Leyes hijo decidió tomar raqueta y pelota de goma para unirse al 10% de la población venezolana que conoce y practica abiertamente la desafiante disciplina.

Seis años bastaron para que su derecha ofensiva, su saque magistral y un sponsor hambreado de verlo triunfar le llevaran a Costa Rica y Estados Unidos para codearse con los más grandes exponentes del juego de la raqueta. De ahí aprendió el curso de su cuerpo dentro de la cancha, de su padre la disciplina y la concentración.

Similar al squash, el racquetball se define por “sets” o “juegos” con puntos acumulables cuando el servidor o poseedor del saque consigue hacer fallar a su oponente en la devolución de la bola. A diferencia de otros deportes más reconocidos como el tenis, este se practica en interiores y los jugadores golpean la pelota hacia una pared con la misión de que ésta no toque el piso antes de ser batida.

En 2016 ya Roberto Leyes contaba con la invitación para medirse de tú a tú con Cliff Swain, primero del mundo para entonces, y un año después saltaba a la pista para enfrentarse al número tres, Álvaro Beltrán, ahora en el top 15 del ranking mundial. Su nombre y su corta edad retumbaron en el exterior al ganar además un par de US Open y servir como demostrador para marcas reconocidas en el norte del continente. Actualmente, resalta como el número uno de la clasificación criolla y, por supuesto, es pieza fundamental de la selección venezolana.

 “Todo lo que he hecho en mi vida es racquetball”, dice el joven de 23 años, quien decidió no especializarse en otra cosa que no fuere la disciplina. “Este juego nos envenenó desde el primer momento”, replica su padre casi al unísono y se llenaron de gallardía para demostrarlo. Durante la I Válida Nacional de Racquetball, que se llevó a cabo en el Country Club de Valencia, Leyes, como único representante de la delegación del estado Anzoátegui, arrasó con la primera categoría. Dominó con ímpetu a cada rival y generó ovaciones en la sala pública. Así tomó ley del campeonato de Dobles Abierto junto con su pareja, Alejandro Santos; pero fue batido en una dura final de la categoría A individual ante el carabobeño élite, Gregorio Machado.

En un país lleno de otroras figuras del béisbol y con potencial talento en el fútbol, el pequeño Leyes se decantó por cuatro paredes, un techo y una pelota de goma. La fuerza de su raqueta ya sabe lo que es conquistar Norteamérica, así que con sólo 23 años sus sueños están encaminados a cautivar a su propio país.