lunes, 12 de junio de 2017

Dejaron el alma vinotinto en la cancha




(Caracas) Hay sentimientos encontrados. Venezuela lo peleó hasta el final, dejó el alma en la cancha. Sin embargo no logró levantar el trofeo de campeón del Mundial Sub 20, disputado este domingo en la mañana. 

Sin embargo, el amargo sabor de caer en la instancia decisiva no opaca al brillante y contundente torneo que tuvo la selección venezolana, al mando del entrenador Rafael Dudamel. Los nativos tuvieron una ronda eliminatoria contundente con tres triunfos sin derrotas, 10 goles a favor y sin recibir ninguno.

La inauguración contra Alemania, el pasado 20 de mayo, con un triunfo 2-0 nos regaló el primer madrugonazo feliz. Luego, las victorias contra Vanuatu (7-0) y México (1-0) confirmaron que el trabajo previo, la química y el juego compacto de los chamos rindieron frutos.

En la instancia de octavos de final el primer escollo fue Japón, a quien se despachó con el gol de Yangel Herrera, capitán, de cabeza, en la prórroga. Esa fue la primera emoción. Luego, en cuartos de final, los criollos doblegaron 2-1 a Estados Unidos con goles de Adalberto Peñaranda y Nahuel Ferraresi.

Después, en semifinales, es inolvidable como se le salió el corazón a todo un país, reviviéndolo con el gol de Samuel Sosa de tiro libre a Uruguay, para forzar la prórroga, cuando se le iba la vida al equipo nacional. En penales lograron el pase a la instancia decisiva 1-0.

Sí, todos queríamos la copa de campeón. Queríamos dejar nuestra huella en el futbol mundial, más de lo que está marcada. Sí, en el segundo tiempo, Venezuela calibró y mejoró. Generó ocasiones y tuvo un penal a su favor, el cual fue cobrado por Peñaranda y parado por el portero Freddie Woodman. Hasta el final se luchó.

Nada qué recriminar. Más bien, hay que comprender la trascendencia de esta hazaña. Por primera vez se llegó a la fase cumbre de un torneo Mundial. Desde el otro lado del mundo se entonó el "Gloria al Bravo Pueblo", en una final. Hecho inédito.

Todos queríamos saborear las mieles de un campeonato y lo hicimos. Tenemos a una generación de campeones, de jóvenes que -con gallardía y pasión- dejaron el alma en el césped y para ellos brilla un futuro prominente.

Durante la premiación -por el segundo lugar- se evidenció aplausos y lágrimas de emoción en su afición y alabanzas de fanáticos asiáticos apoyando a Inglaterra. Se les reconoce su gesta.

Ahora restan cuatro partidos en el camino Rusia 2018, sendero por el cual pueden ir desarrollándose los chamos, porque su gran reto será la clasificación al Mundial 2022. Sí, Venezuela demostró que es capaz de crecerse en la adversidad, de no darse por vencida nunca y de generar una mentalidad y actitud ganadora. Esa es la raíz de un gran árbol que rendirá frutos con el devenir del tiempo.