martes, 10 de noviembre de 2009

La violencia empañó la fiesta


Escuchamos los disparos y le dijimos al árbitro que lo parara”, comentó Darío Figueroa tras el final del partido. Lo que debía ser una charla sobre su golazo que coronó la remontada, empezó por el relato sobre la violencia que se generó entre las barras de Caracas y Carabobo en las afueras del estadio Olímpico de la UCV.
Una vieja rencilla por un trapo robado de un bando a otro fue la mecha que prendió el enfrentamiento. Unos 50 parciales visitantes apostados en el fondo norte salieron del parque antes del final del encuentro y allí se enfrentaron con objetos contundentes con los radicales rojos. Ante la zozobra, los efectivos policiales efectuaron detonaciones con el fin de dispersar la riña colectiva.

Al mismo tiempo, los fanáticos de Carabobo intentaron penetrar violentamente al terreno, lo que fue impedido por la seguridad privada del cuadro local. Minutos después terminó el partido, mas no la violencia.
La escasa presencia de policías impidió el control total del choque de barras y los agentes contratados por el Caracas tampoco eran suficientes. Así, las piedras iban de uno hacia otro lado, con lo cual varios vehículos aparcados en los estacionamientos aledaños resultaron dañados.
La calma volvió parcialmente cuando los bandos quedaron separados: los de Caracas en las afueras del estadio y los de Carabobo en la propia cancha. Unos pagaron su ira irracional contra los carros particulares que pasaban por su zona; los otros la emprendieron, desde el otro lado de la reja, con los jugadores y allegados al equipo local que salían del vestuario. El autobús de los hinchas granate también recibió castigo.